La carrera política de Marcelo Orrego, comenzo lejos de los focos mediáticos. Su paso por cargos municipales y su trabajo como funcionario de planta permanente en el Senado de la Nación, cargo que obtuvo gracias a la influencia de Roberto Basualdo, le permitieron forjarse una reputación de hombre trabajador y prudente. Sin embargo, este carácter reservado fue cediendo terreno ante las exigencias del poder cuando asumió responsabilidades ejecutivas en la provincia de San Juan.
El salto al gobierno provincial supuso para Marcelo no solo un cambio de funciones sino también una metamorfosis personal y política. El antes apocado servidor público se transformó en un dirigente con perversidades propias, dispuesto a disputar espacios dentro de la política local e incluso enfrentarse abiertamente con figuras consolidadas como Sergio Uñac. Este último episodio marcó el inicio de una etapa caracterizada por la confrontación interna y la búsqueda constante de consolidar su propio liderazgo. Uno de los aspectos más debatidos durante la administración actual ha sido la adjudicación de licitaciones públicas a empresas vinculadas históricamente al exgobernador José Luis Gioja. Sectores gastronómicos, mineros, libreria y medios de comunicación han resultado beneficiados por contratos millonarios, generando suspicacias sobre posibles acuerdos políticos entre viejos adversarios o aliados circunstanciales Se acusa al gobernador Orrego de haber traicionado su promesa inicial de transparencia y renovación, optando por perpetuar prácticas clientelares que favorecen a grupos económicos concentrados. La falta de explicaciones convincentes acerca del proceso licitatorio a empresas de la construcción alimenta aún más el malestar social y político.
Sumado a esto, la relación con Emilio Baistrocci, orientada a dividir al peronismo, es un dato mas de la obscenidad que demuestra el mal uso de los recursos públicos
A este escenario se suman denuncias sobre presuntas presiones ejercidas desde el Ejecutivo provincial hacia empleados públicos tanto provinciales como municipales. Diversos testimonios recogidos por personal contratado, aseguran que se han producido aprietes para condicionar el voto o garantizar la asistencia a actos oficiales, prácticas que contradicen abiertamente los principios democráticos y alimentan el clima de tensión política. Otra arista polémica de la gestión de Marcelo es el uso estratégico de los medios de comunicación. Se le acusa de utilizar a periodistas “ensobrados” —es decir, supuestamente financiados con fondos públicos— para hostigar a sus adversarios políticos mediante campañas negativas o escraches mediáticos. Esta táctica ha sido duramente cuestionada por organizaciones civiles y opositores, quienes denuncian una degradación del debate público y una manipulación informativa orientada al desgaste sistemático del rival. En paralelo, se han reportado episodios de rotura sistemática de carteles electorales en distritos clave como Chimbas y Pocito, así como escraches dirigidos contra dirigentes opositores. Estas acciones contribuyen a un clima electoral crispado e incrementan la percepción social de que la competencia política ha traspasado los límites del juego limpio. La reciente maniobra política que implicó apartar a Fabián Martín para convertirlo en candidato propio constituye otro ejemplo paradigmático del nuevo estilo adoptado por Marcelo. Lejos queda aquel joven discreto; hoy su figura está asociada a decisiones pragmáticas orientadas más al sostenimiento personal del poder que al desarrollo programático o ideológico.
Esta reconfiguración interna ha provocado desconcierto incluso entre sus antiguos aliados, quienes observan cómo las prioridades personales parecen imponerse sobre cualquier proyecto colectivo para San Juan. Uno de los reproches más reiterados hacia Marcelo es la ausencia de un discurso sólido, una narrativa que inspire o, al menos, clarifique el rumbo político de su administración. A diferencia de otros líderes provinciales que han sabido construir relatos potentes —ya sea desde el desarrollo productivo, la justicia social o la innovación—, el actual gobernador se percibe como un dirigente gris, carente de propuestas transformadoras y sin un proyecto definido para San Juan.
Esta falta de relato no solo dificulta la comunicación con la ciudadanía, sino que también debilita su posición frente a adversarios internos y externos. La población demanda respuestas claras ante desafíos estructurales como el empleo, la educación o el desarrollo económico, la seguridad. Sin embargo, las intervenciones públicas del mandatario suelen ser consideradas tibias y poco convincentes por analistas políticos, medios locales y ciudadanía en general. ¡Ojo Marce, jueguito con revancha, no tiene calentura!.