El ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, volvió a defender la política cambiaria del Gobierno y aseguró estar “más que cómodo” con un dólar a $1500, en medio de un contexto de creciente incertidumbre, caída del poder adquisitivo y expectativas de nuevas subas en los próximos días.
Lejos de transmitir calma, sus declaraciones encendieron las alarmas entre economistas y sectores productivos, que advierten una preocupante desconexión entre el discurso oficial y la realidad económica que atraviesa el país.
“La moneda es un reflejo y dice si la economía está ordenada o no”, afirmó Caputo, insistiendo en que no modificará el esquema de bandas de flotación tras las elecciones. Sin embargo, los mercados ya descuentan una mayor presión sobre el tipo de cambio, mientras el Gobierno insiste en que todo está “perfectamente calibrado”.
La frase “estoy más que cómodo con el dólar a $1500” fue leída como un gesto de autocomplacencia en un contexto donde los precios siguen en alza, las importaciones se frenan y las reservas del Banco Central se mantienen bajo tensión.
El ministro destacó que el país “tiene fundamentos económicos como nunca” y que el Banco Central está “perfectamente capitalizado”, aunque evitó explicar cómo se sostendrá ese equilibrio si continúa la escalada del dólar y la pérdida de confianza en los mercados.
En otro tramo de la entrevista, Caputo confirmó que el Tesoro de Estados Unidos intervino en el mercado cambiario y que continuará haciéndolo “si considera razonable el precio”, lo que generó críticas por la dependencia externa en la administración de la política monetaria nacional.
Mientras tanto, el funcionario intentó llevar tranquilidad asegurando que el Gobierno busca una línea de crédito adicional de US$20.000 millones, aunque no brindó detalles sobre las condiciones ni los plazos de acceso.
Desde diversos sectores, la lectura es clara: el Gobierno minimiza la crisis cambiaria y no ofrece un plan económico concreto para frenar la inestabilidad. La promesa de nuevas reformas y la apelación a la confianza extranjera contrastan con el malestar creciente de la población, que ve cómo el dólar sube y los precios no dan respiro.
En vísperas de las elecciones, las declaraciones del ministro dejan una sensación inquietante: mientras el dólar se dispara, el Gobierno parece “cómodo” en medio del desorden.