La derrota electoral ha desencadenado una crisis sin precedentes en el seno del orreguismo. El martes pasado, una acalorada discusión entre el gobernador y su vice —quien fue el candidato derrotado— puso al descubierto las grietas internas provocadas por el fallido diseño de campaña. Las acusaciones cruzadas y la sensación de haber perdido definitivamente el poder político marca un escenario sombrío para los provinciales, mientras el PJ festeja y la LLA liderada por José Peluc, intensifica su ofensiva con el objetivo declarado de hacer desaparecer a sus adversarios liderados por Orrego. La caída del orreguismo no puede entenderse sin analizar los factores que precipitaron este desenlace. En primer lugar, destaca la improvisación con la que se diseñó tanto la estrategia electoral como la composición del gabinete político. Lejos de consolidar una estructura sólida capaz de afrontar los desafíos electorales, el oficialismo optó por perfiles carentes de experiencia o trayectoria reconocida dentro del espacio, lo que generó incertidumbre tanto hacia adentro como hacia afuera, provocando un notable castigo popular a la gestión de gobierno.
El resultado fue una campaña errática, incapaz de conectar con las demandas ciudadanas ni ofrecer respuestas convincentes ante los problemas estructurales que aquejan a la provincia. Esta falta de coherencia programática se tradujo en una pérdida progresiva de apoyo popular, evidenciada finalmente en las urnas. El episodio más ilustrativo del momento crítico que vive el orreguismo tuvo lugar este martes pasado. Según trascendió desde fuentes cercanas al gobierno provincial, durante una reunión privada se produjo una intensa discusión entre el gobernador —principal referente del espacio— y su vicegobernador, quien encabezó sin éxito la fórmula oficialista en los últimos comicios.
En medio del intercambio subieron notablemente los tonos; testigos aseguran haber escuchado frases como “me arruinaste mi carrera política”, “puse la cara y perdí”, pronunciadas por el vicegobernador visiblemente afectado por el fracaso electoral. Estas expresiones reflejan no solo la magnitud del desencanto personal sino también la ruptura casidefinitiva entre ambos dirigentes, quienes hasta hace poco compartían un proyecto común.
Marcelo Orrego sentenció ante tremendo conflicto: “Fabian, Ni se te vaya ocurrir, no asumir como Diputado Nacional”.