EL TIEMPO

​El “plan platita” de Trump: promete 5.000 dólares a cada votante para no perder el Congreso

Publicado jueves 10 de septiembre de 2026

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Ante la baja popularidad y el desgaste económico por el conflicto en Medio Oriente, el mandatario estadounidense apela al populismo financiero más explícito para frenar un triunfo demócrata en noviembre.

El presidente estadounidense Donald Trump prometió un bono de 5.000 dólares a cada ciudadano adulto a cambio de que los votantes mantengan a su partido en el control del Congreso en las próximas elecciones legislativas. Este controvertido anuncio, bautizado por él mismo como el “Dividendo Trump”, fue lanzado durante una inusual convención nacional en Texas y representa una de las maniobras de clientelismo electoral más explícitas de la historia contemporánea de esa nación. En lugar de apelar a propuestas legislativas de fondo, el mandatario ha decidido abrir la chequera del Estado en un intento por retener la mayoría en ambas cámaras.

Para el lector argentino, y particularmente para el sanjuanino que conoce de cerca las promesas de última hora en tiempos de urnas, esta estrategia resuena idéntica a un monumental “plan platita” a escala norteamericana. Trump atraviesa un momento político extremadamente frágil: su popularidad es baja, las encuestas proyectan una victoria opositora en la Cámara de Representantes, y el país sufre las duras consecuencias económicas de una prolongada guerra contra Irán. Ante el riesgo de convertirse en un presidente sin apoyo legislativo, ha rogado a sus seguidores que “finjan que él está en la boleta” de votación.

La viabilidad económica de este supuesto premio es un absoluto disparate financiero. Repartir semejante suma a los aproximadamente 270 millones de adultos estadounidenses tendría un costo astronómico superior a 1,2 billones de dólares. Financiar esta colosal promesa requeriría una emisión monetaria feroz por parte del banco central estadounidense, lo que inevitablemente dispararía aún más la inflación que hoy asfixia el bolsillo de la clase media y agravaría el déficit nacional. Resulta trágicamente irónico que una administración que hace gala de su ortodoxia capitalista recurra a la emisión descontrolada y al populismo de manual para intentar salvar su futuro político.

Lo que el oficialismo intenta vender como una generosa recompensa por el éxito económico de su gestión ha sido rápidamente denunciado por analistas como un descarado soborno electoral. Al condicionar la entrega de millonarios fondos federales exclusivamente al triunfo de su propio partido, la principal potencia del mundo devalúa su sistema democrático reduciéndolo a un mero intercambio transaccional. Lejos de demostrar fortaleza, esta subasta de votos expone la profunda vulnerabilidad de un gobierno que apuesta por comprar voluntades al quedarse sin logros reales para exhibir.

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