Lejos de mostrar cohesión, la cúpula libertaria protagonizó un escándalo político que dejó al descubierto fallas graves de coordinación. La senadora destrozó la versión del jefe de Gabinete y advirtió sobre el “costo político” de avanzar con medidas crueles e inconsultas.
La interna dentro de La Libertad Avanza reventó por los aires y dejó expuesta una preocupante falta de conducción política en medio del debate por el Presupuesto. El polémico intento de imponer un recorte drástico en el área de discapacidad no solo desató el rechazo generalizado de la sociedad, sino que provocó un cruce descarnado y público entre la senadora nacional Patricia Bullrich y el jefe de Gabinete, Diego Santilli.
El cortocircuito expuso un operativo de control de daños tan torpe como mentiroso. Para intentar despegarse del repudio social que generó la medida, Santilli salió a justificar el atropello asegurando que la referente de seguridad se había retirado antes de que terminara la reunión de la mesa política donde se delinearon los cambios. Lejos de dejar pasar el achaque, Bullrich lo descolocó con una respuesta lapidaria que lo dejó contra las cuerdas: “Eso es mentira. Cuando se habló del presupuesto, yo estaba”.
Errores no forzados y crueldad explícita
La senadora no solo desmintió al funcionario nacional, sino que ventiló el método clandestino con el que se maneja el Ejecutivo al señalar que las modificaciones ingresaron de madrugada y a espaldas de los propios referentes legislativos, como el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem. “Lo voy a discutir con Santilli porque no vale decir algo que no fue así. Tenemos que ser sinceros”, disparó con evidente malestar.
Lo más grave del cruce no es solo la evidente desinteligencia en el círculo rojo libertario, sino el desprecio por las formas democráticas y el impacto de gobernar a espaldas de la realidad. Con una crudeza inusual para alguien de la propia alianza gobernante, Bullrich advirtió sobre el desgaste innecesario al que someten a la figura presidencial por improvisaciones de esta magnitud:
“Si mandas algo que no vas a poder convertir en ley, estás desgastando al Presidente. Es tan claro que, si cometemos un error no forzado, ¿qué van a pensar? Que somos crueles”, sentenció la legisladora.
Este nuevo sainete político desnuda un gobierno acorralado por sus propias contradicciones, donde la improvisación legislativa y la falta de diálogo sincero terminan golpeando de lleno a los sectores más vulnerables, mientras los funcionarios prefieren el atajo de la mentira antes que asumir la responsabilidad de sus propios errores.