River se acostumbró a perder. Sí, River. El famoso River. El Millonario. El poderoso. El que derrocha fútbol, goles y títulos. El que ostenta a lo largo de su rica historia un sinfín de jugadores de excelencia, de equipos majestuosos y ganadores, de triunfos y récords. Que también tuvo sus momentos dolorosos, pero que se levantó y pudo recuperarse notablemente. Pero, de repente, entró en una etapa derrotista, en la que perdió los tres partidos iniciales del torneo (algo que no pasaba desde el Clausura ‘94, hace 32 años) y ya acumula cuatro caídas consecutivas (y cinco por torneos de AFA, al contar la final perdida con Belgrano en mayo, lo que no ocurría desde 1911).
Rosario Central le dio un nuevo golpe a River. Y los hinchas explotaron en el Monumental. Hubo lluvia de silbidos para los jugadores y el técnico, cánticos hirientes y hasta le apuntaron a la Comisión Directiva, en medio de un contexto futbolístico crítico.
River es un desconcierto. Y a eso se le suma que está en un momento en el que atrae malas energías. Todo lo que puede salirle mal le sale mal. Ya el clima estaba enrarecido desde el momento que se comunicó que nadie, ni jugadores ni el técnico hablarían, fuera cual fuera el resultado. El Chacho Coudet puso ocho suplentes y no completó el banco otra vez. ¿Un mensaje por los 14 borrados o no quiere subir más pibes a Primera?