EL TIEMPO

Tribuna abierta. El fútbol mundial en manos sucias

Publicado jueves 4 de junio de 2026

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A días del inicio de un nuevo mundial, publicamos la siguiente reflexión de Ángel Cappa, quien es coautor del libro “Fútbol y política”, exfutbolista y DT, exiliado durante la última dictadura militar en Argentina.

Donald Trump se ha convertido en un terrorista que, para ocultar y en alguna medida solventar la crisis total que padece EE.UU. y la pérdida de su hegemonía imperial, ataca militarmente a medio mundo y amenaza al resto. La humanidad entera vive pendiente de los caprichos bélicos de este personaje despreciable, que ejerce de matón internacional.

Ha invadido y bombardeado países, secuestrado presidentes (Venezuela), asesinado a mandatarios y su familia (Irán), a tripulantes de embarcaciones a quienes acusa de narcotraficantes, por supuesto sin prueba alguna, en el mar Caribe.

Ha incrementado el bloqueo a Cuba, causando la muerte de miles de personas, sobre todo ancianos/as y bebés y ha participado con armamento y dinero en el genocidio al

pueblo palestino, por parte del gobierno criminal de Netanyahu.

Infantino, presidente de la FIFA, la organización que gobierna el fútbol mundial y que acciona de manera muy similar a una mafia, le otorgó a Trump, precisamente, un premio de la paz. Un premio, por otra parte, que no existía y que inventó para el caso. Pocas cosas de las muchas que suceden en el mundo, inexplicables y sin sentido, llegan a ser tan contradictorias y absurdas como esta de Infantino.

Sin embargo, se explica de alguna manera, porque en EE.UU. se jugará el 80% de los partidos del mundial de fútbol que comenzará en pocos días. Los demás, 13 y 13 se repartirán México y Canadá.

l mundo sigue andando

Mientras miles de personas mueren en guerras generadas por EE.UU y Rusia, si hablamos de la invasión de Ucrania también, el mundo entero hace como si nada fuera de lo normal estuviera ocurriendo.

La pasión futbolística es utilizada, como nunca o como pocas veces, para que este acontecimiento extraordinario que ocurre cada 4 años, sirva de alfombra gigante donde poner debajo las barbaridades que cometen los principales líderes mundiales.

También para que las élites económicas se apoderen de miles de millones de dólares, que producirá el mundial, salpicados con la sangre de las víctimas de Trump, Netanyahu y Putin, y la complicidad de casi todos los gobernantes de los países llamados democráticos.

Vivimos, vivíamos, mejor, en la creencia de que existen derechos internacionales y límites morales que, de alguna manera, nos protegen de aventureros criminales tipo Hitler o Mussolini. Creemos, o creíamos mejor dicho, que organizaciones internacionales como la ONU o los Tribunales Internacionales de Justicia, servían para corregir, sino impedir, actos de barbarie como el genocidio a los palestinos o los ataques bélicos de Trump.

Ahora es imposible que alguien, que no sea intencionada y maliciosamente, pueda seguir creyendo en esas tremendas mentiras. La realidad explota en la cara de todos nosotros.

El mundial se jugará a pesar de todo

Los medios, en manos de buena parte del poder económico, se encargan de echar leña al fuego apasionado de los hinchas y de poner en primera plana los partidos de fútbol

que se van a jugar, cosa de que no se vea la barbarie que sigue todos los días. Es como tratar de tapar el sol con un dedo. Lo increíble y lamentable es que lo tapan.

Nada más fácil que el nacionalismo para fabricar irracionalidad incontrolada. Más todavía si se la aplica al fútbol y se convierte este juego en defensor de los valores de un país. En estos casos, se hace difícil pensar que un partido de fútbol, aunque sea internacional, no es otra cosa que un partido de fútbol.
Por eso resulta incomprensible, que en cada enfrentamiento de selecciones se escuchen los himnos de cada país.

Y si hablamos de hechos que cuestan creer, tenemos que hablar de la participación de Irán en este mundial. Y lo hará en EE.UU. O sea, mientras la selección de Irán esté jugando al fútbol en EE.UU., el pueblo iraní seguirá sufriendo los bombardeos de EE.UU.

Tal vez se explique como un acto reivindicativo….no sé. Por ahora no es fácil de entender. Espero que tenga alguna explicación.

Prohibidas las entradas

No es que prohíban entrar a los partidos, es que el precio de las entradas es de por sí prohibitivo. Sin contar el transporte y la estadía, un espectador para las primeras 2 semanas, deberá pagar alrededor de 3.500 dólares como mínimo. Es decir, el pueblo, origen y propietario del fútbol, quedará fuera de los estadios. Más o menos como en la vida.

Donald Trump se ha convertido en un terrorista que, para ocultar y en alguna medida solventar la crisis total que padece EE.UU. y la pérdida de su hegemonía imperial, ataca militarmente a medio mundo y amenaza al resto. La humanidad entera vive pendiente de los caprichos bélicos de este personaje despreciable, que ejerce de matón internacional.

Ha invadido y bombardeado países, secuestrado presidentes (Venezuela), asesinado a mandatarios y su familia (Irán), a tripulantes de embarcaciones a quienes acusa de narcotraficantes, por supuesto sin prueba alguna, en el mar Caribe.

Ha incrementado el bloqueo a Cuba, causando la muerte de miles de personas, sobre todo ancianos/as y bebés y ha participado con armamento y dinero en el genocidio al pueblo palestino, por parte del gobierno criminal de Netanyahu.

Infantino, presidente de la FIFA, la organización que gobierna el fútbol mundial y que acciona de manera muy similar a una mafia, le otorgó a Trump, precisamente, un premio de la paz. Un premio, por otra parte, que no existía y que inventó para el caso. Pocas cosas de las muchas que suceden en el mundo, inexplicables y sin sentido, llegan a ser tan contradictorias y absurdas como esta de Infantino.

Sin embargo, se explica de alguna manera, porque en EE.UU. se jugará el 80% de los partidos del mundial de fútbol que comenzará en pocos días. Los demás, 13 y 13 se repartirán México y Canadá.

El mundo sigue andando

Mientras miles de personas mueren en guerras generadas por EE.UU y Rusia, si hablamos de la invasión de Ucrania también, el mundo entero hace como si nada fuera de lo normal estuviera ocurriendo.

La pasión futbolística es utilizada, como nunca o como pocas veces, para que este acontecimiento extraordinario que ocurre cada 4 años, sirva de alfombra gigante donde poner debajo las barbaridades que cometen los principales líderes mundiales.

También para que las élites económicas se apoderen de miles de millones de dólares, que producirá el mundial, salpicados con la sangre de las víctimas de Trump, Netanyahu y Putin, y la complicidad de casi todos los gobernantes de los países llamados democráticos.

Vivimos, vivíamos, mejor, en la creencia de que existen derechos internacionales y límites morales que, de alguna manera, nos protegen de aventureros criminales tipo Hitler o Mussolini. Creemos, o creíamos mejor dicho, que organizaciones internacionales como la ONU o los Tribunales Internacionales de Justicia, servían para corregir, sino impedir, actos de barbarie como el genocidio a los palestinos o los ataques bélicos de Trump.

Ahora es imposible que alguien, que no sea intencionada y maliciosamente, pueda seguir creyendo en esas tremendas mentiras. La realidad explota en la cara de todos nosotros.

El mundial se jugará a pesar de todo

Los medios, en manos de buena parte del poder económico, se encargan de echar leña al fuego apasionado de los hinchas y de poner en primera plana los partidos de fútbol que se van a jugar, cosa de que no se vea la barbarie que sigue todos los días. Es como tratar de tapar el sol con un dedo. Lo increíble y lamentable es que lo tapan.

Nada más fácil que el nacionalismo para fabricar irracionalidad incontrolada. Más todavía si se la aplica al fútbol y se convierte este juego en defensor de los valores de un país. En estos casos, se hace difícil pensar que un partido de fútbol, aunque sea internacional, no es otra cosa que un partido de fútbol.
Por eso resulta incomprensible, que en cada enfrentamiento de selecciones se escuchen los himnos de cada país.

Y si hablamos de hechos que cuestan creer, tenemos que hablar de la participación de Irán en este mundial. Y lo hará en EE.UU. O sea, mientras la selección de Irán esté jugando al fútbol en EE.UU., el pueblo iraní seguirá sufriendo los bombardeos de EE.UU. Tal vez se explique como un acto reivindicativo….no sé. Por ahora no es fácil de entender. Espero que tenga alguna explicación.

Prohibidas las entradas

No es que prohíban entrar a los partidos, es que el precio de las entradas es de por sí prohibitivo. Sin contar el transporte y la estadía, un espectador para las primeras 2 semanas, deberá pagar alrededor de 3.500 dólares como mínimo. Es decir, el pueblo, origen y propietario del fútbol, quedará fuera de los estadios. Más o menos como en la vida.

Predicar en el desierto

Oke Göttlich, presidente del club St.Pauli, de la Bundesliga y miembro del comité ejecutivo de la federación alemana de fútbol dijo que «ha llegado el momento de considerar y discutir, seriamente,» el boicot al mundial 2026 por Donald Trump.

«Qatar fue demasiado político para todos», agregó, «y ahora somos completamente apolíticos?»
También dijo que «como organizaciones y sociedad, estamos olvidando cómo establecer tabúes y límites, y cómo defender valores».

Esta propuesta, la presentó Göttlich al Comité ejecutivo de la federación alemana, y como es de suponer, no tuvo respuesta. Tampoco del resto del mundo futbolístico y menos en los medios de mayor difusión.

El negocio hace rato que se apoderó del fútbol, le transfirió sus valores empresariales y lo convirtió en un arma de doble filo: por un lado es una fuente inagotable de dinero para, como siempre, el poder económico mundial, y por el otro un anestesiante despolitizador de las mayorías.

Ha convertido lo más importante, el juego, en lo menos interesante. El capitalismo, ya lo sabemos de sobra, solo respeta el éxito que se traduzca en dinero. Las personas son menos importantes que el dinero. El mundial es ya, un ejemplo capitalista.

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